Las dudas y temores de Rousseff ante la crisis

29.06.2013 15:48

Las masivas protestas desatadas en todo
el país a partir de la decisión del estado
de San Pablo de aumentar el boleto del
transporte público sacudieron a todo el
mundo. Nadie esperaba semejante brote
de furia en un país que en los últimos
años se consolidó como la sexta
economía del planeta, bajó el
desempleo al 5 por ciento y redujo la
pobreza considerablemente.
"El aumento del boleto de transporte en
San Pablo fue una primera excusa para
las movilizaciones que se gestaron en
las redes sociales, haciendo que la gente
se movilice por otros reclamos, que
crecieron en distintas ciudades, llegando a
manifestaciones de 300 mil personas
en Río de Janeiro ", explica David
Fleischer, doctor en ciencia política y
profesor de la Universidad de Brasilia,
en diálogo con Infobae América .
"Esto es algo completamente nuevo en
Brasil. La última gran movilización había
sido en 1992, con el juicio político al
entonces presidente Fernando Collor de
Mello, pero en ese momento había
muchos partidos y movimientos políticos
organizando las protestas. En esta
oportunidad, ningún partido o
institución se involucró en las
manifestaciones . Hay un gran
descontento entre muchas personas por
diversos motivos, pero especialmente por
la pobre calidad de los servicios públicos
en general", agrega.
Se trata de un fenómeno muy sorpresivo
para la clase política brasileña, que tuvo
en Luiz Inácio Lula da Silva y en Dilma
Rousseff a dos de los presidentes más
populares de la región, pero que ahora
está en el centro del rechazo de los
indignados, para quienes la dirigencia
sólo defiende sus intereses
personales .
" La situación dejó a los políticos
perplejos y confusos , sin comprender lo
que estaba ocurriendo. Están
preocupados ante la posibilidad de que
esto continúe y se cuele en la campaña
electoral de 2014, cosa que yo creo que
terminará sucediendo. La Copa del
Mundo estará comenzando el 12 de junio
del año próximo, y será un espectáculo
mucho más grande que coincidirá con el
inicio de la campaña. Por eso
probablemente veamos estas
movilizaciones nuevamente ", afirma
Fleischer.
Pero los políticos están empezando a
reaccionar. El primer ejemplo, aunque no
sirvió de mucho, fue la decisión de dar
marcha atrás con los aumentos en el
transporte .
El segundo, que tampoco dio grandes
resultados, fue la aprobación en la
Cámara de Diputados de algunos
proyectos de ley que se encontraban
descansando en los cajones del
Parlamento.
Algunos de ellos fueron la prohibición
del voto secreto en sufragios para
destituir a algún legislador acusado de
irregularidades, la reducción la carga
impositiva sobre las empresas
concesionarias de transporte público, y la
exigencia de destinar el 100 por ciento
de las regalías petroleras a educación y
salud.
Por su parte, el Senado aprobó el
proyecto de ley que define la corrupción
como un "crimen atroz" , impide que los
acusados sean liberados mediante el pago
de fianzas y aumenta las penas mínimas.
Pero Fleischer prevé que se impulsen más
cambios, ya que los reclamos están lejos
de verse contemplados por estos medidas.
"Los políticos están tan asustados y
presionados, que ellos mismos pueden
llegar a hacer una importante reforma
política en las próximas semanas. Pero
hay que esperar".